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Publicado por Maday González S.

Mis Padres: la añoranza de un abrazo

El amor más piadoso que existe

El amor más piadoso que existe

Hoy quiero dedicarle estas líneas a quienes con gran esfuerzo y sacrificio me educaron, me levantaron y me formaron con altos principio y valores, a mis padres. A quienes hoy ya no tengo conmigo para abrazarlos y para decirles cuanto los quiero, no porque hayan muerto, sino porque la diáspora venezolana que ha separado millones de hogares, también llegó lamentablemente mi familia.

Fueron 38 años de mi vida de tener a mis viejos adorados, contar con ellos en cada una de mis etapas, ellos verme realizarme y yo a ellos verlos felices cuando nacieron cada uno de mis hijos. Pensábamos que estaríamos juntos por siempre y es que Venezuela nunca se caracterizó por ser un país de inmigrantes, más bien los recibía, que dicho sea de paso, con los brazos abiertos como si fueran sus propios vástagos.

Pero el infortunio de la vida, de las malas decisiones, nos llevó a una de las peores crisis jamás vividas en nuestra historia. La consecuencia, sólo por nombrar una, haber dejado a mis padres con sus brazos vacíos, con un corazón roto, con la añoranza de ellos abrazarme a mí y a mis hijos y viceversa.

Cada día que paso en el exilio, los recuerdo tanto, muchas veces con lágrimas en mis ojos, con mi corazón tan arrugado como un papelito, pero sobre todo con la gran añoranza de abrazarlos y nunca más soltarnos.

Mamá, papi, si pudieran leer estas líneas entenderían lo mucho que me han hecho falta, más de una vez he deseado estar con ustedes y no haber tenido que dejarlos en Venezuela. Quisiera visitarlos cada tarde como siempre hacía, compartir con ustedes cada cumpleaños de ustedes, mío y de mis hijos, verlos sonrientes en el porche de mi casa, entrar a mi cuarto y sentarse en mi cama. Comer un rico almuerzo en una misma mesa, reír hasta el cansancio por una anécdota contada o simplemente regañarme porque estoy malcriando mucho a mis niños.

Será que ¿Estos días van a volver?, ¿Será que no pasarán tantos años para que podamos volver a reencontrarnos?. Tengo miedo. mucho miedo, que sigan pasando los días y ustedes sigan envejeciendo esperando mi llegada y llegue antes el llamado de Dios para la otra vida.

Les cuento que aunque me ha ido bien, no es igual si ustedes no están aquí conmigo, quiero disfrutarlos, se supone que pasaríamos juntos este tiempo de su vejez, sea cual fuera este tiempo, pero la vida, las circunstancias planearon otra cosa.

Es por eso, que aprovecho estas líneas para decirles a todas aquellas personas que hoy tienen a sus padres cerca, que los cuiden, los amen y los hagan muy felices. Les digo, no dejen pasar el tiempo sin dejar de hacerlos sentir especiales, porque realmente lo son, y cuando ya no estén no se lamentarán de nada.

Hoy yo, y muchos de los venezolanos que nos hemos dispersado por el mundo, dejando en nuestro país a nuestros padres, deseamos, anhelamos con todas nuestras fuerzas abrazar a quienes nos dieron la vida, pero no es posible, solo podemos comunicarnos con ellos en la distancia, y cuando la electricidad allá lo permite. Añoramos esos momentos vividos y compartidos a lo largo de nuestras vidas, pero que ya hoy no están.

Amen y cuiden a sus viejos porque el tiempo que pasan junto a ellos, ellos lo valoran. Deseándoles de corazón que nunca tenga que pasar por lo que hoy estamos atravesando nosotros, porque ser prisionero de los recuerdos y de lo que se espera para un futuro no es vida, sin embargo, gracias Señor porque sigo creyendo que tu misericordia y amor sobrepasa todas estas circunstancias y que pronto veré el rostro de mis padres y les daré este gran abrazo que hoy guardo y añoro, solo para ellos y por ellos.

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Maday González S.

Periodista y educadora radicada en Ecuador desde 2017

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