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Publicado por Maday González S.

Por aquello que llamamos justo queremos decir lo que es legal, lo que es limpio y equitativo.

Por aquello que llamamos justo queremos decir lo que es legal, lo que es limpio y equitativo.

Hace casi un año atrásacá en Ecuador el trending fue unmujer de 39 años que mediante un acto de indudable honradez fue premiada por la gobernación de la provincia del Guayas y un banco del país.

Les cuento, ella se acercó a un cajero a retirar unos 20 dólares, para su sorpresa, en el dispensador de billetes de dicho cajero automático se encontraban unos 300 dólaresInmediatamente tomó el dinero y lo llevó hasta la gobernación del Guayas donde se le notificó al banco de este hallazgo para que diera con el paradero de su dueño.

Fue días después por este acto de honradez que la señora fue premiada por autoridades del banco en cuestión con una placa conmemorativa, una tarjeta de regalo de 300 dólares, es decir el mismo monto encontrado, y un televisor smart de 32 pulgadas. Además de ello, le valió una audiencia con el presidente de la república, Lenín Moreno, quien quería felicitar personalmente a la fémina ejemplo a seguir.

Bien, ciertamente la honradez en un gran tesoro y quien la posea es digno de una alta estima. Pero llamó la atención la forma en como este valor, en este país, pareciera ser un hallazgo sobrenatural en las personas. En países tercermundistas como éste, hay que decirlo aunque duela, la honradez no es una virtud en la gran mayoría, y lo asumo, en el mío tampoco (en Venezuela) porque donde un simple acto de honradez sea visto como una hazaña, como algo sobrenatural, oye, estamos mal.

Es que esto no debe ser una extrañeza, sino algo natural, deber ser intrínseco en la persona y si con estas premiaciones a la mujer de 39 años, lo que se pretendía era ‘impulsar’ la honradez en un país, entonces esto significa que la crisis de valores es realmente grave. Porque no es desde allí que se debe estimular esta cualidad tan, pero tan importante como valiosa en un país, sino desde la familia, la casa, el hogar.

Señores, esto es en gran parte lo que explica el éxito de países desarrollados, donde el ser honrado no es la excepción, sino la regla. Esta es una de las lumbreras que ilumina el camino de los pueblos hacia su desarrollo. 

Y no es que no sea meritorio lo que la señora hizo, sino que dejó al descubierto que las familias no están ejerciendo el rol que les toca, que es inculcar ‘obsesionadamente’ valores en los hijos. Quedó al desnudo que es una mínima parte de la población que está realmente preocupada por enseñarle a los niños algo que es gratuito, pero que vale tanto en una sociedad.

El día que nos da lo mismo que nuestros hijos traigan cosas que no son de ellos, de la escuela, de otra casa, ese día estamos levantando la muralla entre el progreso de un país y el preferir tener una nación desordenada, sin virtudes, sin valoresEs urgente y necesario educar a nuestros vástagos con estándares elevados de valores, la sociedad cada vez más despiadada, menos sensible, más egoísta. ¿Qué le quedará a nuestras generaciones futuras si no hacemos conciencia de esto?.

Afortunadamente provengo de una generación donde ese era el pan de cada día, valores, y ¡Ay¡ de nosotros si nos atrevíamos a traer algo que no nos pertenecía. Se nos prohibía encarecidamente entrar a las habitaciones ajenas, principalmente, para evitar que nos pusieran en tela de juicio nuestra honradez, recuerdo que mi mamá siempre me dijo: Si se llega a perder algo y  has entrado a esa habitación, no dudes que te echarán la culpa a ti.  

De este modo, fuimos creciendo, y a la menor falta de una de estas reglas, al menos yo, era severamente sancionada. ¡Olvídate¡ fallaba la primera vez, pero ya luego no quedaban ganas. Y así crecimos y no nos traumamos, al contrario, puedo decir con orgullo que mi generación goza de altos principios y valores. Pero como los padres de hoy en día piensan que estas normas de educación son antiguas y traumatizantes, los hijos están creciendo sin límites, sin valores.

Lamentablemente todos pagaremos estas facturas. Por eso es necesario ser padres abocados a esta educación en casa, para ser ejemplos, como lo son hoy en día muchas naciones que han construido las más sólidas bases de su desarrollo desde cada una de las familias, desde la siembra de valores, para que la cosecha sea exactamente eso. Pero si dejamos que nuestras tierras fértiles (nuestros hijos) se llenen de sólo maleza, sin sembrar nada en ellos, la escasez está acechando a la vuelta de la esquina.

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