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Publicado por Verónica González M.

Está mañana cuando me estaba tomando el te y simultáneamente mi cabeza repasaba una a una las labores que me esperaban este martes 13, hice un stop fulminante y me he preguntado: En qué se diferencian los octogenarios de los jóvenes y adultos contemporáneos. 

 

En mucho diría yo. Primero se han criado en un tiempo áspero donde el término niñez y adolescencia era difuso como un bruma, se casaban y tenían muchos hijos y poco se les ha visto pronunciar palabras tan de moda como estrés, indignación, preocupación o frustración. 

 

Es tanto así que mi abuela los observa y puede que suelte ante un quejumbroso  “haragán es lo que es...” Ella me cuenta que desde los 7 años su madre le ponía deberes en casa tal cual adulta.

 

Después me vinieron otros posibles argumentos hasta que me he acordado que tampoco los he visto quejarse del mal tiempo, ni el meteorológico, ni el emocional, ni el que llaman “tiempo de Dios”, este último tiempo muy subjetivo porque Dios es atemporal. 

 

Reflexionemos, los octogenarios son hechos de otra pasta o simplemente se criaron con kilos y kilos de ilusión a sus espaldas y mucha determinación para suplir la falta de recursos de la época que les ha tocado vivir: guerras, post guerras, dictaduras, represiones, censura, mucha censura. 

 

En conclusión vivimos una época en que quejarse no está tan mal visto. En donde no hay frontera entre la indignación y poca tolerancia a la frustración. La comodidad puede que nos haya mal acostumbrado a tenerlo todo a la mano y con recompensa inmediata.

 

De los octogenarios que han pasado por mi vida he aprendido alguito. A ver la vida con sus matices y aceptarlas tal como vienen y se van. No eran ni son perfectos, pero si muy sabios. En esta época se les llama a su forma de ser resilentes.

 

Tampoco he visto a las octogenarias afirmar, gritar, volverse locas diciendo que ser madres fue un estrés en su juventud y a los hombres que a veces conseguían trabajo a destajo de quejarse de su suerte. Los jóvenes me incluyo, diremos "...eran otros tiempos"..."...tenían otra crianza"... "tragaban mucho"... Quizá o puede que sean personas más agradecidas con lo que cargaban puesto.

 

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Sonia 11/13/2018 16:36

Molt bona reflexió, però és veritat que n'hi han moltes maneres d'interpretació. La seva època els va marcar sens dubte, o sobre totes les coses a ser resilients, sortien de les condicions més adverses reforçats, però per mi, també hi havia queixa, m'explico, va ser una època on lluny d'acceptar i fer, van lluitar pels seus drets o els seus deures i gràcies a aquesta lluita i incorformitat, avui gaudim de moltíssimes millores. Aquest esperit de lluita és el que ens falta, o una mica més. Hi han moltes lectures i podria donar per molts debats.