Judith Busom y Song Hyon enseñan caligrafía coreana y acuarela a los barceloneses amantes de la cultura coreana. Foto: Verónica González M.
Hay artistas que enseñan una técnica, y hay otros que, sin decirlo del todo, te enseñan a estar. Song Hyon (@seon.bii), poeta y calígrafo coreano con más de veinte años de práctica, es de esos últimos. Llegó desde Busan con sus pinceles -más de 200 en su estudio allá-, y con algo que no se puede embalar en la maleta, la capacidad de convertir una línea en un acto de presencia plena.
En un día de agosto en la Librería Haiku (c/ Montseny 33, Barcelona) en pleno corazón del Barrio de Gracia, impartió dos masterclass abierta a todo público junto a la pintora de acuarela Judith Busom.
No se trata solo de aprender a escribir caracteres coreanos (한글, Hangeul) con un pincel tradicional (붓, but), sino de comprender -en el cuerpo- que cada línea nace de la respiración, del peso del cuerpo, del estado emocional. No hay trazo sin alma, ni gesto auténtico sin intención.
El seoye para que sea correcta y armoniosa debe cumplir con el stroker order, de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha; cada trazo debe fluir por completo sin cortes; la muñeca debe estar elevada y el pincel vertical 90°. Por supuesto, hay que evitar levantar el pincel innecesariamente y hay que procurar estar en una postura correcta y cómoda.
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Una práctica más allá de lo estético
La caligrafía coreana puede parecer, a simple vista, un arte decorativo o puramente visual. Sin embargo, sentarse frente al papel con el pincel en la mano cambia eso rápidamente.
Song Hyon lo dice sin mucha ceremonia “Deja que el trazo se haga solo. Respira, espera, y luego mueve” Y entonces entiendes, después de varios intentos, sin prisas, en calma, con el silencio de agosto de testigo, viviendo el instante presente. Hacerlo a la perfección requiere practica, como todo arte.
Hay que tener una actitud incluso antes de posar la punta sobre el papel. Una apertura. Una disposición a escuchar el momento, a dejarse guiar. La técnica está, pero lo esencial pasa por otro lado, el cuerpo atento, la mente quieta, la intención clara.
En la tradición coreana, el pincel no es una simple herramienta. Es una prolongación del cuerpo y del estado mental del calígrafo. Cada variación en la presión, en la velocidad, en el ángulo, refleja lo que hay dentro. No se puede fingir.
Por eso el equilibrio del pincel importa tanto como el equilibrio interior.
Song Hyon confiesa que quiere venirse a vivir aquí el año que viene. Que Barcelona le inspira como poeta, que aquí respira distinto. Que las calles, los colores, la gente, le dan ese aire que hace falta para escribir.
Y yo lo entiendo. Hay ciudades que te abrazan de forma invisible. Te abren el pecho sin decir nada. Te hacen latir el corazón con fuerza.
Ese día fue a enseñar en una librería que parece hecha a su medida, pequeña, silenciosa, con libros como compañía y un rincón de Asia donde todo invita a bajar el ritmo, hasta su dependienta Marian con su atención exquisita y personalizada. Los que asistan van a salir distintos. No necesariamente sabrán escribir mejor. Pero habrán entendido algo esencial,
Que escribir puede ser un camino.
Que un trazo puede ordenar la mente.
Que el silencio entre una línea y otra dice tanto como la tinta.
Y eso, en estos tiempos, es un lujo.
🌿 Una nota personal
Algo que me dejó la experiencia con Song Hyon fue que la belleza no nace del control, sino del rendirse.
No se trata de hacer el trazo perfecto, sino de dejar que tu trazo diga la verdad de ese instante. De confiar en tu cuerpo, en tu pulso, en tu energía sin forzarla.
Y en lo profundo, eso es también una manera de vivir. Y tener a Gemma al lado tan concentrada en la tarea de aprender la labor, me dio ánimos para seguir en la práctica del hangeul.
El maestro Song Hyon dijo algo que se me quedó grabado "Las letras coreanas son tridimensionales. No están solo en el papel. Están en el aire, en tu postura, en tu respiración, así que calma".
Y tenía razón.
La ㄱ no era solo una línea recta con un giro. Era un gesto.
Una intención que baja desde el brazo, se ancla en la mano y se libera con la exhalación.
Cuando finalmente la hice bien, no perfecta, sino honesta, entendí que en la caligrafía coreana no se trata de imitar formas.
Se trata de encarnar presencia.
Porque el Hangeul no es plano. Tiene peso. Tiene dirección. Tiene alma.
Cada letra es una estructura que sostiene algo invisible.
Y al escribirla, si estás atenta, ese algo te sostiene a ti.
Voy a seguir escribiendo sobre este tipo de encuentros donde el arte y la conciencia se tocan. Si te resonó, si sentiste algo leyendo esto, puedes dejarme un comentario o seguirme para futuras publicaciones.
Por cierto la ㄱ es la G. Se llama Giyeok. Suena como G al principio de una palabra o entre vocales sueltas y también puede sonar como una K, especialmente al final de una sílaba y palabra.
Características del pincel coreano tradicional
Pelo natural y flexible: De comadreja, ciervo, conejo, cada tipo tiene su energía, su respuesta.
Punta fina y precisa: Permite alternar entre trazos gruesos y delgados sin romper el ritmo.
Gran retención de tinta: Para que la línea fluya sin interrupciones, como la respiración.
Mango de bambú liviano: Todo lo que el cuerpo necesita para no tensarse ni forzar.
El orden de los trazos es esencial porque define la forma y el equilibrio del caracter, permite que la tinta fluya con naturalidad, para generar armonía visual en el texto.
Como principiante para hacer las letras y sílabas es ideal usar papel de caligrafía coreano (wongoji) o papel hanji si se está usando tinta. También es ideal repetirlas en hojas cuadrículadas. Todos los materiales se consiguen en la librería anfitriona Haiku.