49 años, 17 km/s, 1 día luz. Vogayer 1 estará tan lejos que la luz y cualquier señal de radio tardará exactamente 24 horas en llegar desde la Tierra hasta la sonda y otras 24 horas en volver.
Casi cincuenta años después de su lanzamiento (5 de septiembre de 1977), viajando sin pausa a unos 17 km por segundo, esa pequeña cápsula del tamaño de un coche habrá recorrido “solamente” la distancia que la luz cubre en 24 horas, unos 25.900 millones de kilómetros.
A esa velocidad, en el tiempo que tardas en pestañear ya ha cruzado la distancia entre dos ciudades. Y aun así, tras media vida humana de carrera constante, solo habrá logrado ese primer día de luz.
Es una lección de escala brutal. Lo más lejos que la humanidad ha enviado un objeto en toda su historia es apenas un paso de bebé en el patio trasero del cosmos. Si quisiera llegar a la estrella más cercana, aún le faltarían unos 75.000 años. De hecho, en unos 40.000 años pasará “cerca” (a 1,7 años luz) de la estrella Gliese 445 y seguirá viajando para siempre.
Este tema de la cápsula me llena de una admiración profunda. En esa máquina que navega en la oscuridad más absoluta sigue funcionando tecnología de 1977… y sigue emitiendo. A día de hoy (agosto de 2026) el Voyager 1 continúa enviando datos a la Tierra. Solo le quedan dos instrumentos científicos activos (el magnetómetro y el detector de ondas de plasma), pero la señal sigue llegando.
Algunas curiosidades que vuelan la cabeza:
• Su transmisor emite con solo 23 vatios de potencia,menos que una bombilla de nevera. Cuando esa señal llega a la Tierra, después de viajar 25.000 millones de kilómetros, su potencia es inferior a un attovatio (una milmillonésima de milmillonésima de vatio). Las enormes antenas de 70 metros de la Red del Espacio Profundo de la NASA son las únicas capaces de captarla.
• La velocidad de transmisión es de apenas 160 bits por segundo. Descargar una foto simple de tu móvil tardaría horas.
• Sus ordenadores tienen en total unos 70 kilobytes de memoria, menos que el chip de la llave de un coche moderno.
• Funciona gracias a tres generadores de radioisótopos que convierten el calor del plutonio-238 en electricidad. Al lanzamiento producían unos 470 vatios; hoy apenas quedan unos 250 y pierden unos 4 vatios cada año. Se espera que siga “hablando” hasta principios de la década de 2030.
• Lleva a bordo el famoso Disco de Oro: un disco de cobre chapado en oro de 30 cm con 115 imágenes, saludos en 55 idiomas, sonidos de la Tierra (lluvia, ballenas, un beso, el llanto de un bebé…), música desde Bach hasta Chuck Berry (Johnny B. Goode) y hasta las ondas cerebrales de una mujer pensando en el amor. En la tapa hay una muestra de uranio-238 para que cualquier civilización que lo encuentre pueda calcular cuándo se lanzó (tiene una vida media de 4.500 millones de años). Está diseñado para durar al menos mil millones de años.
Cuando alcance el día luz, cualquier comando que le enviemos tardará un día completo en llegar y otro día en volver. Un diálogo en cámara lenta con el vacío.
Estoy seguro de que Carl Sagan estaría orgulloso. Él fue el alma filosófica de esta misión, impulsó el Disco de Oro y nos regaló la imagen del Punto Azul Pálido, recordándonos que toda nuestra historia cabe en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol. Absoluta maravilla.
Sagan decía que somos la forma en que el cosmos se conoce a sí mismo. El Voyager 1 es la prueba silenciosa de esa idea, un recordatorio de que, aunque seamos diminutos, nuestra curiosidad es lo bastante grande como para enviar un trozo de nosotros a rozar las estrellas y que ese trozo todavía nos habla desde la inmensidad.
El universo y sus leyes me vuelan la cabeza. Y este tema, la verdad, me encanta observarla.
Fuentes principales:
• NASA - Estado oficial de la misión Voyager y fecha del 1 día luz science.nasa.gov
• EarthSky / confirmaciones NASA: hito del 18 de noviembre de 2026 earthsky.org
• Detalles técnicos de potencia, instrumentos y señal hackernoon.com
• Disco de Oro y trayectoria futura (NASA e IFLScience) iflscience.com