Nadie viene a Sitges en octubre a broncearse. Se viene a sentarse en la oscuridad con extraños y a esperar que algo, al otro lado de la pantalla, no respete las reglas.
Eso es lo que este pueblo hace mejor que casi ningún otro, convertir diez días de costa en una ceremonia. La 59.ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña no pide nostalgia barata. Pide memoria con dientes. Carrie cumple cincuenta años y el festival la pone en el centro no para enmarcarla, sino para recordar desde dónde empezó a temblar el género. El cartel oficial lleva esa sangre de graduación por una razón.
Al lado, otra herida española que nunca cicatrizó del todo, ¿Quién puede matar a un niño?. Un baile de graduación. Una isla. Dos maneras distintas de descubrir que el monstruo no siempre llega de fuera.
Del 8 al 18 de octubre, Sitges vuelve a operar a dos tiempos y nos mola; el de los clásicos que nos dejaron marcados y el de las películas que todavía no sabemos cómo nos van a dejar.
Una mujer española abre el festival por primera vez. Found Alive, de Carlota Pereda, con Chloë Grace Moretz. En 59 ediciones solo tres películas dirigidas por mujeres habían inaugurado Sitges. Esta es la cuarta… y la primera española. Es un thriller que no adorna la supervivencia, la usa. Cierra Wicker, de Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson, con Olivia Colman y Alexander Skarsgård. Empieza en carne viva. Acaba en fábula torcida.
Corea llega con tres temperaturas. Yeon Sang-ho, el de Train to Busan, impone Colony, un encierro de ciencia ficción y acción donde el mundo se pudre por dentro. Yeom Ji-ho toma Los ojos de Julia y la reescribe en The Eyes, no como calco, sino como otra forma de no ver. Lee Sang-min baja al agua quieta de Salmokji Whispering Water y deja que el folclore hable desde el fondo.
Japón responde con otra liturgia. Takashi Shimizu vuelve con The Mouths, maldición pegada a la piel y a un árbol que no debería guardar voces. Kiyoshi Kurosawa despliega Kokurojo: The Samurai and the Prisoner en el Japón feudal, thriller histórico con la paciencia de una celda.
Luego bajan los vivos
Peter Jackson regresa más de treinta años después de Braindead para recoger el Gran Premio Honorífico y mostrar aquella orgía gore en 4K, como quien reabre el precio que lo hizo leyenda con El Señor de los anillos. Con él, se sienta en el festival Rick Baker y medio siglo de King Kong. El homenaje es al Jackson salvaje, no al de la epopeya.
Danny DeVito cruza el patio de butacas con el descaro de quien fue Pingüino, invasor marciano y productor de rarezas; trae Drag y una carrera que el fantástico reconoció antes que nadie. Amy Irving, Sue Snell de Carrie, cierra el círculo, la superviviente del baile vuelve al pueblo que todavía recuerda el vestido.
El resto de la procesión no es decorado. Alejandro Amenábar recibe el Méliès Career a los treinta años de Tesis. Robert Eggers, Yuen Woo-ping, Takashi Shimizu, Mark L. Lester y Bob Murawski recogen la Màquina del Temps cinco oficios distintos de agrandar el género.
Por los pasillos, Nicolas Winding Refn y Michael Ironside, presencias que no necesitan presentación para resultar inquietantes.
Lo que distingue a Sitges 2026 no es que haya “más películas”. Es que casi todo el cartel apunta a la misma idea, el género se mira al espejo y se reconoce.
Carrie manda en el relato. Cumple 50 años y no es un extra, es el eje. Restauración 4K, Amy Irving de vuelta como Sue Snell, y el primer episodio de la nueva adaptación de Mike Flanagan. El cartel oficial lleva esa sangre de graduación por una razón.
Brigadoon cumple 40 y elige un premio raro. El Nosferatu va a Bárbara Rey. No a una leyenda internacional del terror, sino a una actriz popular cuya faceta fantaterrorífica El buque maldito, La noche de los brujos suele quedar tapada por la televisión. Ese gesto es muy de Sitges.
Hay jurado FIPRESCI por primera vez. La crítica internacional puntúa la Sección Oficial. El festival suma un sello que hasta ahora no tenía.
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El terror “bíblico” se cuela como moda. Títulos como Leviticus, The Carpenter’s Son (Nicolas Cage) o Karma (Marion Cotillard) convierten la fe, la secta y lo sagrado en material de género. Encaja con Carrie, la madre beata como prólogo de una oleada.
El cine español de género entra en bloque. Zombis, vampiros, madres terribles, apocalipsis: 11, Upiro, Apocalipsis Z: Nuevo mundo, La mala madre, The End of It… No es una cuota. Es presencia.
Casi 3.800 películas inscritas y un festival que, además, presume de recaudación al alza. La rareza, este año, es que lo histórico y lo nuevo pesan igual.
Si hubiera que decirlo en una frase, Sitges 2026 no inventa un tema. Recupera sus muertos.
Sitges 2026 no es un catálogo. Es una reunión. Gente que se junta a oscuras para honrar lo que los deformó, dejarse ganar por las pesadillas de Oriente y descubrir quién les quitará el sueño mañana.
Apagan las luces. El Auditori ya sabe qué hacer. Nos vemos en las salas.
Para información sobre entradas, packs, películas y eventos slrededor del festival entra en la página oficial: https://sitgesfilmfestival.com/es