Septiembre llega con ganas de otoño y de castañada.
pero aun sentimos un calor que pesa tanto,
el sol no cede en su horno persistente
y el sudor ahoga el último canto.
Los árboles resisten, todavía verdosos,
sin dejar caer ninguna hoja en el viento.
Queremos el frío, la tregua helada,
que apague de una vez ese fuego lento.
Soñamos con sopas que fuman poco a poco,
el refugio suave de una buena manta,
el perfume dulce de boniatos y castañas
y la paz de otoño que la piel levanta.
Basta de veranos que se alargan demasiado
que abra el cielo sin rayas blancas
que caiga la lluvia, que refresque el atardecer
y se apague por fin ese gran infierno.
Que llegue la castañada con su ritual,
las castañas al fuego, los panellets en el plato,
el boniato tierno y el vino dulce en la mesa,
y que el País vuelva a respirar de verdad.